Usuario anónimo ¿Quieres tener tu propio blog?
Crear blog gratis en OboLog

Un placer ser tu esclava 21 y 22

jueves, 01 de octubre del 2009 a las 17:37

¿Qué fue eso?

- Buenos días, cariño.- saludó Draco a su esposa cuando ésta salía del aula de Transformaciones, habiendo acabado la última clase del día.

- Hola.- replicó ella secamente.

Los demás gryffindorianos que abandonaban el aula de Mcgonagall contemplaron a la pareja de casados con la misma incertidumbre y sorpresa que siempre, todavía no se acostumbraban a verlos tan juntos. No obstante, la renovada actitud de lejanía que manifestaba la castaña tornaba la situación mucho más normal.

- Veo que seguís enojada.- comentó el rubio caminando a la par de su mujer.

- Ves bien.- espetó Hermione.

- No te entiendo, realmente no te entiendo.

- No es tan difícil, Malfoy. No sé qué es lo que no entiendes.

- Me estás cargando, ¿verdad? Primero estás encima de mí besándome y luego me quieres morder y comienzas a dar bofetadas como si nada. Explícame qué es lo entendible de todo esto.

La chica resopló resignada sin detener su marcha. – ¡Por Merlin! ¡¿Cómo no lo ves?! ¿Tú estás ciego o qué? ¿O serás sordo? ¿Acaso no escuchas las idioteces que me dices a cada rato?

- ¿Cómo qué?

- ¡¡Cómo qué?! Por favor, Draco, piensa. Tú vas y me dices que me consideras una idiota y crees…

- ¡Espera!- la interrumpió él tomándola de la muñeca.- Yo nunca he dicho que eres una idiota. Bueno… al menos no en este último tiempo.

- ¡¡Claro que sí!! Esta mañana sin ir más lejos.- recalcó ella enfrentándose a su marido en el medio del pasillo y provocando con ello que los estudiantes transeúntes debieran esquivarlos por los lados.

- ¿Hoy? ¿Hoy yo te he llamado idiota?

- ¡¡Draco!!- exclamó exasperada.- ¿Cómo crees que me sentí cuando dijiste que mis ideologías eran idiotas?

- Ahhh…eso, pues yo te lo dije por una razón muy simple.

- ¿Cuál?- inquirió desafiante.

- Fácil, que estabas estorbando el momento con tus cosas feministas y esas rarezas…

- ¿De qué hablas? Yo no soy feminista.

- Como sea, Hermione, ya dejemos el drama ¿ok? ¿Podemos hacer las pases?- preguntó acercándose a su esposa, quién a su vez ladeó la cabeza para no recibir los labios del blondo aunque no se alejó ni un ápice de él. - ¿Sabes qué? Estuve pensando…- susurró el chico en el oído de la castaña.- De hecho, he estado pensando más de la cuenta, en ti más que nada y en lo obsesionado que me tienes. ¿Alguna vez has sentido algo similar? Unas ganas apremiantes de estar con alguien, de besarlo, de abrazarlo y escucharlo. ¿Lo has sentido?

La gryffindoriana tragó saliva y se estremeció cuando notó la mano del rubio descender por su espalda. ¿Qué debía contestar a eso? Claro que lo había sentido, pero ciertamente no podía confesarle aquello a él, justamente a él.

- ¿A qué quieres llegar?- inquirió odiándose por la debilidad de su voz, la misma que el chico reconoció esbozando su sonrisa maliciosa.

- A que entiendas por qué siempre busco tus besos.- culminó acariciando con su mejilla a la de su mujer.

- Draco, estamos en medio de un pasillo.

- Lo sé, sólo quiero decirte algo más: comprendo que me rechaces pero tú debes comprender que a mí no me gusta ser rechazado así que no te buscaré más.

- ¡¿Qué?!- preguntó algo desesperada.

- Lo que escuchaste, ¿vamos?- El slytheriano tomó la mano de su esposa sin esperar respuesta y comenzó a caminar hacia la oficina de Dumbledore. - Entonces, ¿qué tal tu día?

Hermione tardó unos segundos en contestar pues todavía trataba de asimilar las palabras que le habían sido susurradas al oído.

- Eh…bien, creo. No sé, fue raro.

- ¿Por qué?- se interesó Draco. Ella lo miró extrañada por su nuevo comportamiento pero no dijo nada, se limitó a contestar.

- Porque parece ser que Ron y Harry están peleados. Se han sentado separados durante todas las clases, incluso en el almuerzo. Ron le ha echado miradas asesinas a Harry mientras que Ginny ha estado entre los dos de mediadora y lo peor de todo es que yo no me he animado a preguntarles qué sucedía por miedo a que me dieran vuelta la cara.

- ¿Tan mal están las cosas?

- Pues no sé bien…Odio verlos de esta forma, han estado peleados antes y cada vez que ocurre algo así me angustio muchísimo pero ahora que no me habla ninguno de los dos me siento fatal.

- Ya pasará, supuestamente te quieren.

- ¿Qué te pasa?

- ¿Cómo que qué me pasa?

- ¿Por qué no te has burlado de la situación? El trío de oro está completamente dividido y tú no dices nada al respecto. ¿Ninguna ironía? ¿Nada que acotar?

- Te prometí que me iba a comportar mejor ¿no?

- Sí, pero no estamos enfrente de Harry y Ron, podrías comentar algo y no lo haces.

- ¿En serio?- preguntó antes de suspirar aliviado.- Creí que me moriría conteniendo la alegría. Pues sí, me encanta que ya no estén juntos. Tus amigos son y serán unos imbéciles toda la vida.

- ¡¡Malfoy!!

- ¿Qué? Tú me has dicho que podía comentar algo.

- No lo decía en serio.

- ¿Ves, mujer? ¿Quién te entiende?

- ¡Vete a la mierda!

- Espera- la detuvo antes de que se escabullera de sus manos.- Ok, perdón, ¿vale? Discúlpame por ser sincero cuando tú misma me diste el permiso de serlo. ¿En paz?

- Eres un imbécil, Malfoy.

- Sabes que debemos aparentar ser una pareja feliz, ¿verdad?

- Lo sé, por eso me desahogo contigo ahora y así poder hablarte más civilizadamente frente a Skeeter.

El chico meneó la cabeza en señal de negación preguntándose nuevamente qué era lo que había dicho o hecho mal. Estaba seguro de que esa mujer lo volvería loco dentro de poco si las cosas seguían así. Finalmente, Hermione tomó bruscamente la mano de su esposo y pronunció la contraseña de la gárgola que los separaba de la escalera que los guiaría hasta el santuario del profesor.

- Buenas tardes, señor y señora Malfoy. Me alegra ver que son puntuales.- saludó el director del colegio.

- Yo no diría que han sido puntuales.- se quejó una rubia platinada cuyos rizos enmarcaban perfectamente su rostro falsamente risueño.- Yo he llegado hace diez minutos.

- Teníamos que caminar hasta aquí.- explicó la castaña entre dientes.

- ¿Diez minutos para una simple caminata?

- Estamos hablando de pasillos escurridizos, sin contar con que son más de 142 escaleras y…

- Bueno, bueno…No se preocupe, señora Malfoy, no hace falta que nos recuerde la enormidad del castillo. Siéntese aquí con su esposo.- ordenó el anciano señalando dos sillas idénticas que estaban dispuestas en oposición al lugar donde la periodista permanecía sentada. Marido y mujer acataron en silencio y se sentaron lado a lado todavía tomados de la mano.- Genial, yo les dejaré solos para no estorbarles.- Hermione iba a protestar pero antes de poder encontrar una forma sutil de hacerlo el director ya los había abandonado en las siniestras manos de Rita Skeeter.

- ¿Contenta de volver a verme, señorita Granger?

- Señora Malfoy.- corrigió el rubio.

- Oh, claro, claro, es que es todo tan repentino y…escabroso que se me olvida con facilidad.

- ¿Escabroso? ¿Por qué lo dice?- inquirió el muchacho comenzando a mosquearse con el tono sarcástico de la adulta.

- Pues los recuerdos de años pasados me vienen a la mente. ¿A usted no? ¿Acaso no se acuerda cuando usted mismo me brindaba información acerca de su actual esposa para ridiculizarla en El Profeta?

Instantáneamente, Draco sintió la mano de su mujer flaquear en su propio puño y sin querer que se separase de él afianzó el estrujón con decisión antes de lanzarle a la rubia sobre maquillada miles de dagas a través de sus ojos grises que no lograron amedrentar a la mujer ni en lo más mínimo, más bien consiguió que ella sonriera más ampliamente.

- Eso fue hace mucho tiempo, no tiene ninguna relevancia en el presente.

- ¿Eso quiere decir que ya han conversado y superado esas diferencias?

- Por supuesto.- replicó él mirando de reojo a Hermione. No entendía porque la mano de la chica sudaba más de lo necesario, estaba visiblemente nerviosa y no había dicho una sola palabra desde que tomaron asiento. No importaba, él se haría cargo de la situación.

- Bueno, comencemos entonces.- Skeeter sacó de su bolso floreado una pluma y un anotador mágico que flotó en el aire a la espera de escribir todo cuanto allí se dijera.

- Espere… ¿cómo sé yo que puedo confiar en usted para que escriba nuestras palabras tal cual nosotros las pronunciamos?

- No se preocupe por eso, señor. Dumbledore me ha traído aquí por una razón muy obvia, él se ha hecho el tonto todo este tiempo pero sabe muy bien que soy una animaga ilegal y también sabe que la señorita…quiero decir…señora conoce mi condición a la perfección, al igual que usted. Así que ha aprovechado de su conocimiento para obligarme a escribir un artículo satisfactorio acerca de ustedes.- El chico asintió y volvió a mirar a su esposa que seguía callada, frunció el seño confundido y volvió a enfrentar la mirada de la periodista.- Bueno, empecemos por el principio. ¿Cómo se han enamorado?

Draco tragó saliva, no supo cómo contestar y se sintió completamente tonto por no haber ideado una excusa con anterioridad. Era evidente que esa pregunta no faltaría, ¿por qué no había pensado en ello antes?

- Fuimos electos Premios Anuales- la castaña habló por primera vez con una voz neutral, falta de cualquier tipo de emoción. La pluma mágica comenzó a escribir y en los ojos de su dueña brilló una luz ansiosa de cotilleos y material para distorsionar de alguna manera encubierta la historia que escucharía. –Nos fuimos conociendo de a poco, siendo obligados a rondar los corredores de noche y hacer las tareas propias del cargo que compartimos. Además, convivimos en la misma torre.

- ¿Eso quiere decir que han sucumbido ante la tentación que significa vivir juntos?- interrogó la rubia con malicia.

- No sé a qué se refiere. Solamente digo que al vivir juntos nos hemos visto forzados a idear modos pacíficos de convivencia y dejar nuestros posibles conflictos atrás. Empezamos a conocer el lado oculto de la otra persona y nos enamoramos.- explicó la gryffindoriana como si todo habría podido ser así de simple.

- ¿Tan fácil? ¿Ningún enfrentamiento que les haya llevado a terminar besándose apasionadamente?

- Eso no es de su incumbencia, sólo debe saber que nos conocimos y nos enamoramos.

- ¿En menos de un mes?

- En menos de un mes.- afirmó la castaña.

- Ok.- aceptó Skeeter con reticencia.- Y díganme, ¿qué es lo que les enamoró de la otra persona?

Esa vez fue Hermione quién se quedó sin saber qué decir, pero afortunadamente tuvo a su esposo para rescatarla.

- No podría enumerar todas las cosas en este momento, son muchas aunque no son particularidades sino el todo lo que realmente importa, ¿me entiende? Hermione y yo somos tan diferentes pero a la misma vez tan parecidos que nos compenetramos formidablemente. No es el individuo lo que vale sino el todo, la pareja que formamos estando juntos. Somos como dos partes distintas que se acoplan a la perfección.- Cuando terminó de hablar se preguntó de dónde había salido aquello. Ciertamente no lo había preparado de antemano, entonces ¿de dónde demonios había sacado semejante idea? Giró para encontrarse con los ojos asombrados de su mujer y luego se sorprendió al ver la sonrisa que iba curvando sus labios y más aún cuando recibió de ella un leve beso en la boca.

- Bueno, bueno, muy tierno.- comentó Skeeter con una mueca de asco surcando su rostro.- Siguiente pregunta: ¿no se preocuparon por la reacción de la gente antes de dar la noticia?

- No, para nada.- replicó el rubio.

- ¿Ni siquiera de sus padres?

- Mis padres han sido muy comprensivos.- contestó la castaña.

- ¿Y los de usted, señor Malfoy? Disculpe, debería haber dicho la de su padre nomás.

- Mi padre está preso.- espetó Draco entonando rencor en su voz.

- Lo sé, debe ser muy difícil para usted estar tan solo después de la muerte de su madre.

- ¡¡Cómo sabe eso?!- exclamó el chico poniéndose de pie en un salto. Hermione lo miró pasmada, no tenía idea de que Narcisa hubiera muerto.

- Una buena periodista tiene sus fuentes, señor Malfoy.

- ¡Eso no viene al caso!

- Claro que sí, estábamos hablando de la reacción de la gente en general y pensé que le habría gustado que su madre estuviera presente para atestiguar la felicidad matrimonial de su único hijo.

- ¡¡Cállese!!- gritó el rubio apretando sus puños y tiñendo sus mejillas de rojo.

- Pero si yo sólo…- comenzó la adulta pero antes de que pudiera continuar el slytheriano ya había abandonado la habitación al tiempo que emanaba furia de sus poros.

- ¿Qué…qué…- balbuceó la castaña totalmente confundida con lo que acaba de ocurrir.

- ¿No piensa ir a buscar a su querido esposo?- terció Skeeter sonriendo malévolamente.

La chica miró la puerta de salida una vez más antes de correr en busca de Draco. No obstante, previamente a cerrar la puerta del despacho detrás de si dijo:

- Haga el favor de desaparecerse en cuanto antes y si consigue que un animal la aplaste al pasar mejor.

- ¡¡Draco!! ¡¿Me esperas, por favor?!- gritó Hermione corriendo detrás del rubio que continuaba con su escapatoria a toda marcha. Desde su posición, la castaña observaba con el ceño fruncido cómo el rubio iba apretando y ciñendo cada vez más fuertemente sus puños mientras ella se preguntaba si alguna vez lo alcanzaría.

Pero finalmente lo hizo, al final de un pasillo desierto.- Draco, detente.- ordenó tomándole la mano para retenerlo. Él acató aunque miró a su esposa surcando su cara con una rabia de la que ella no era culpable pero por la que sin lugar a dudas pagaría de todas formas.

- ¡¡Qué quieres?!- vociferó el chico totalmente enervado por el enojo que sentía.

- Hablar contigo.- contestó ella sin amedrentarse a causa de la evidente furia de su marido.

- ¡¡De qué?!

- Deja de gritarme que yo he venido para que hablemos bien. Quiero saber qué es lo que pasó allí dentro.

- ¿Dentro de dónde?- preguntó más calmado aunque sin saber muy bien lo que decía.

- Sabes bien de dónde. ¿Es verdad lo que dijo Skeeter de tu madre?

Ante aquella pregunta y los ojos indagadores y tiernos de la castaña Draco bajó la vista pero rápidamente volvió a enfrentarse a la mirada marrón para asentir levemente sin poder borrar de su rostro la tristeza que le causaba recordar la muerte de su mamá a pesar de todos sus intentos por evitar que le afectase. De inmediato, Hermione se lanzó al cuello del rubio y lo abrazó con la dulzura y la compasión que le eran propios, tratando de transmitirle a través de aquel gesto todo lo que sentía la situación de su marido sin necesidad de pronunciar palabra. El rubio se sorprendió un poco por la efusividad de su esposa pero no pudo más que experimentar un extraño sentimiento de agradecimiento, así pues rodeó la cintura de la mujer y hundió su cabeza en la maraña de cabello castaño. Se mantuvieron en esa pose por unos segundos sin importarles lo inaudito que resultaba una escena tan íntima entre ellos que no constara de ningún tipo de connotación sexual y por raro que parezca tampoco para el slytheriano la tenía.

- ¿Qué pasó?- inquirió la gryffindoriana una vez que se separó unos centímetros de su esposo.

- ¿Cómo que qué pasó?

- Con tu madre, ¿qué es lo que pasó?

- No quiero hablar de ello.

- Vamos, Draco, te hará bien desahogarte. ¿Se lo has contado a alguien alguna vez?

- No.

- ¿Ves? Necesitas decírselo a alguien. Me lo puedes contar a mí.

- No quiero.

- ¿Por qué no? Te quiero escuchar.- insistió la chica haciendo uso de su terquedad. El joven la miró directamente a los ojos y vio autenticidad en ellos pero él no estaba dispuesto a contarle esa confidencia a nadie, más que nada porque los recuerdos ya eran demasiado dolorosos reviviéndolos en su mente como para aumentar el dolor trasladándolos a palabras.

- Lo siento, Hermione, pero no puedo y no quiero hablar de esto.

- Pero ¿por qué nadie lo sabe? Te aseguro que me acordaría si lo hubiera visto en El Profeta.

- Se decidió que era mejor ocultarlo.

- ¿Por qué?

- No puedo contestarte eso, te dije que no quería hablarte del tema.

- Pero…- comenzó ella, sin embargo al mirar la expresión seria de su marido desistió y pasó su mano por el cabello rubio tratando de suavizarlo y lográndolo según indicó el suspiro que el chico exhaló al contacto de su mujer al tiempo que se relajaba cerrando los ojos. – Sólo quiero que sepas que cuando quieras contarme yo te escucharé.

- ¿Desde cuándo te interesas tanto por mí, Hermione?- preguntó abriendo los ojos y buscando la mirada de la castaña, quién desvío la vista por un momento pero se recompuso rápidamente y respondió.

- Eres mi esposo, Draco.

- Claro…- replicó con sarcasmo.- ¡Qué dices! Si siempre te encargas de recordarme que esto es una farsa.

- Pero yo te lo recuerdo porque siempre andas buscando otras cosas de mí.

- ¿Cosas cómo qué?- indagó él apretando a la chica aún más contra si.

- Ya sabes a lo que me refiero.- replicó tornándose colorada.

- Lo sé. ¿Tú todavía no puedes decirlo?

- ¡Cállate!- espetó la joven fingiéndose más ofendida de lo que realmente estaba. Draco sólo sonrío como contestación y se inclinó hacia su mujer para besarla pero se detuvo cuando recordó que le había dicho que ya no la buscaría más porque no le gustaba ser rechazado una y otra y otra vez. No obstante, sonrío más ampliamente cuando notó que era ella quién se acercaba para besarlo, entonces retomó la iniciativa y con una mano en la mejilla de la chica topó sus labios con delicadeza. Las manos de Hermione acariciaron el pelo blondo mientras se amoldaba lentamente en el cuerpo de su esposo, le encantaba sentirse protegida entre los brazos del chico que le quitaba el sueño y la cordura y en ese momento no se acordó del pleito de esa mañana o el del día anterior o el anterior a ése, sólo quería disfrutar de la sensación de adrenalina y, paradójicamente, de concordia que le provocaban los besos tiernos de Draco. Éste, a su vez, abrazaba con fuerza a su mujer, como si no quisiera que se separase nunca de él y de hecho eso mismo quería pero tardaría en reconocerlo aunque a él se le hacía más evidente con cada nuevo beso, mirada, pelea o charla. Al separarse se miraron a los ojos y sonriendo sin ningún atisbo de malicia en su expresión el slytheriano removió un mechón de pelo de la castaña que caía sobre su frente para poder contemplarla mejor.

- Así que solamente te interesas por mí porque soy tu esposo, ¿no?

- No, tonto, por mucho que me pese también me preocupo por ti.

- ¿A sí? ¿Acaso mis encantos ya comenzaron a enamo…

- No sigas si quieres que me quede aquí contigo…

- Como digas, cariño.- Desde que había comenzado la parodia del casamiento se había acostumbrado a llamar a Granger con ese tipo de motes afectuosos y cada vez que estaban solos se obligaba a si mismo a llamarla de la misma manera porque sabía que le fastidiaba. Sin embargo, el rubio se daba cuenta que con el tiempo esos apodos salían de su boca sin premeditación, más bien como una muestra espontánea de lo que realmente sentía. Sonrío para si mismo siendo sabedor de este cambio interino y dándole poca importancia se inclinó nuevamente para conseguir otro beso de su esposa. No obstante, unos gritos provenientes de un corredor cercano lo distrajeron.

- ¡¡YA RON!! ¡¡Deja de hostigar a Harry!!

- Eso nunca, ¿cómo crees que debo reaccionar cuando veo a mi inocente y pequeña hermanita montando al pervertido de ojos verdes hipnotizantes que decía ser mi amigo?

- ¡Que yo no tengo ojos hipnotizantes!

- Claro que sí, ¿cómo explicas que mi hermanita haya accedido a semejante trato sino fuera por el encantamiento de esos malditos ojos?

- Yo misma te podría dar un millón de razones más: para empezar su culo, firme, redondito y tan bien torneado como sus abdominales que desde que le intensificaron los entrenamientos para que pudiera derrotar a Voldemort se han convertido en seis perfectos ravioles en los que fácil y apetitosamente podría esparcir unas cuantas hebras de queso rallado; su pelo, no apto para babosas porque es realmente hermoso, sedoso y rebelde al igual que me gustan los hombres, como mi querido y perfecto Harry; ¡sus brazos, madre mía!, dos perfectas y musculosas extremidades que me pueden envolver cuando ellas quieran, lo mismo va para tus piernas, cariño; también…

- ¡¡GINNY!!- en ese momento fue cuando los vociferadores gryffindorianos al son del nombre de la pelirroja entraron en la escena del mismo pasillo donde Draco y Hermione se disponían a tener más romanticismo, pero al ver los dos rostros rojos de sus mejores amigos (uno por la furia y el otro por la vergüenza) la castaña se desligó velozmente del abrazo de su esposo.

- ¡¿Qué?! Yo sólo contestaba las curiosidades de mi querido hermanito. ¡Ah! Hermione…Draco… ¿Cómo están?- saludó despreocupadamente la joven Weasley al matrimonio recién avistado.

- Bien…eh…gracias, Ginny. ¿Y ustedes?- replicó la Premio Anual con incomodidad.

- Pues aquí estamos, peleando y peleando por un malentendido que se llevó a cabo en el baño del tercer piso.

- ¿Qué pasó allí?- inquirió ansiosa por saber el motivo del altercado entre sus amigos de una vez por todas.

- Nada importante.- intercedió el anteojudo secamente, no tenía intenciones de confesarle sus problemas sexuales y/o fraternales a la mujer que lo tomaba por idiota y mucho menos si el odioso de su marido estaba a su lado escuchándolo todo.

- Claro que es importante.- Sin embargo, el pelirrojo no parecía compartir la misma opinión de su amigo puesto que estaba demasiado enceguecido por la supuesta traición del ojiverde como para reparar en que pediría apoyo y consejo en otra de sus presuntas amistades infieles.- Hermione, no podrás creer lo que pasó esta mañana.

- ¡Ron!- advirtió Harry.

- ¿Qué?- instó la aludida esbozando una sonrisa de oreja a oreja feliz de que al menos uno de sus amigos le volviera a dirigir la palabra.

- Que hoy he tenido la suerte de encontrarme a mi mejor amigo a escasos pelos de impurificar a mi hermana para siempre.

Por supuesto que la frase de Ron acarreó variadas y diferentes reacciones. Ginny le golpeó a su hermano muy pero muy fuerte en la cabeza con su puño, Harry se enterró el rostro en sus manos buscando un hueco entre ellas dónde poder meterse y desaparecer, Hermione se sonrojó legándose a si misma la vergüenza que la pelirroja no sentía y Draco, quién había permanecido exento de la conversación intentando controlarse para no golpear a los gryffindorianos debido a la interrupción, rompió en carcajadas tan fuertes que hasta tuvo que atajarse las costillas porque le había empezado a doler la panza de tanta risa.

- ¡¿De qué te ríes, Malfoy?!- el hermano deshonrado fue el primero en sentirse atacado por las risotadas muy mal disimuladas del slytheriano. El anteojudo fue el segundo.

- ¡¡Eso!! ¡¿Tú qué haces aquí?!

- Draco, por favor…- suplicó la castaña en el oído del rubio para que sólo él pudiera escucharla. Se miraron y después de compartir unos momentos de esa intimidad remota para algunos y esencial para otros el Premio Anual se dirigió a los compañeros de casa de su mujer.

- Disculpen…- comenzó ganándose el asombro de los tres.- Sólo me acordaba de un chiste que escuché hace un rato.- Todos ciñeron el entrecejo ante semejante excusa pero la aceptaron, después de todo era Malfoy, cualquier disculpa que diga (por increíble que sea) es un milagro por el hecho de que una disculpa salga de su boca.

- Pero Hermione…- terció Ginny.- Tú no sabes lo que hemos visto Harry y yo en ese dichoso baño, a parte de mi tonto hermano claro.- dicho lo cual, miró con suspicacia al enrojecido pelirrojo y volvió a mirar con malicia a su amiga ignorando las señas para que hiciera silencio de su novio.- ¡¡Pansy!! Ron y Parkinson en un mismo baño y él tenía la camisa desabrochada y el pelo revuelto cuando lo encontré, ¿quién es el desubicado en esta historia, eh?

La reacción al nuevo estamento declarado en la causa fue la siguiente: el acusado se sonrojó tanto que hasta parecía a punto de explotar aunque aquello se podría remitir a la furia que sentía por ser expuesto de esa manera enfrente de Mafloy, el famoso Potter volvió a buscar en sus manos algún lugar que le permitiera salvaguardarse de ese grupo de dementes (ya bastante había sufrido en su vida el pobrecito) y Hermione esbozó la misma mueca de desconcierto que su marido, sólo que éste terminó en una situación parecida a la anterior: sosteniéndose las costillas por el dolor de panza que le produjeron los risueños alaridos.

- ¡¿De qué mierda te ríes, Malfoy?!- volvió a ofenderse el pelirrojo.

- Nada, nada, otro chiste que escuché por ahí.

- ¿Ya se han reído lo suficiente de nuestra situación?- se mosqueó el ojiverde.

- Harry, yo…- comenzó la castaña, quién en realidad no se había reído de nadie y ya se veía condenada de antemano a causa del comportamiento de su esposo.

- Espera, Potter, que Hermione no se ha reído de nadie…Yo sólo me reía de un chiste así que no te lo tomes a mal ¿ok? Por otra parte…Weasley- Draco volteó para mirar directamente a los ojos azules del gryffindoriano, quién lo miró un poco receloso preparándose para lo peor.- No sé por qué haces tanto espaviento de lo de tu hermana con Potter si él es tu mejor amigo, más vale con él que con algún otro en quién tú no confíes tanto, ¿verdad? Al menos sabes que él la cuidará siempre y la respetará, si es que es eso lo que opinas en verdad de tu amigo, sino… allá tú. Pelirroja…- mentó luego dirigiéndose a la joven Weasley y mirándola con sus penetrantes ojos grises.- Si tu hermano ha decidido experimentar los placeres de la vida con Parkinson bien por él, seguramente esa señorita….eh….experimentada le ensañará unas cuantas cosillas, solamente deberías aconsejar a tu hermano que use protección por las dudas. Pero no te preocupes que a pesar de ser una toca pelotas y algo hueca esa rubia es menos mala de lo que parece. ¿Todos en paz?

Como vio que ninguno le contestaba sino que todos se tomaban su tiempo (uno muy largo) para poder asimilar lo que acababa de pasar sonrío satisfecho consigo mismo y tomó la mano de su mujer insinuantemente para preguntarle de forma sutil si podían marcharse ya. Ella miró sonrientemente a sus amigos que seguían con la boca abierta a causa del dictamen de su esposo y luego de considerar que no había nada más para decir saludó a los chicos educadamente y enlazó su brazo con el del blondo para caminar juntos hacia su Sala Común.

- ¿Qué fue eso?- balbuceó Harry.

- No lo sé…- contestó Ron incrédulo.

- Es…es el Draco cambiado, ése del que hablaba Hermione.

Un silencio sepulcral se apoderó de la escena y después de unos minutos contemplando la dirección por donde se había ido el renovado y mejorado Draco Malfoy marcharon hacia su propia torre olvidándose por completo de sus recientes disputas.

 

¿Fiesta...?

- Estuviste genial.

- Lo sé, pero me siento asqueroso en este momento, mugriento y sucio.

- Por favor, Draco, no seas idiota. Haz hecho lo que debías, cometiste un acto de filantropía.

- ¿Por qué te crees que me siento tan sucio?

- No seas tonto…- le reprendió la castaña sin dejar de sonreírle muy a su pesar.- Por fin has empezado a comportarte correctamente.

- Obvio, me vi obligado a hacerlo.

- Fuiste un caballero.- catalogó Hermione mirando soñadoramente hacia al frente mientras iban caminando por el corredor.

- Porque me forzaste.- señaló el rubio.

- Y con Harry y Ron nada menos.

- Porque me forzaste, repito.

- Estás cambiando.- decretó la Premio Anual intentando colgarse de la mejor perspectiva de la situación para sonsacar el mayor beneficio de ella, por lo cual prefirió hacer oídos sordos a las justificaciones de su marido, pero él no se lo hacía tan fácil.

- Te vuelvo a decir que lo hice porque no tuve otra opción.- recalcó el joven exasperándose un poco por la terquedad de su esposa. No obstante, ella reincidió en su ventajosa negación.

- Realmente estás mejorando, creo que el casamiento está dando sus buenos frutos.

- Hermione…

- ¿Qué?- inquirió la aludida enfrentando a su marido para admirarlo con los ojitos brillosos. Draco se sobrecogió levemente al verla tan emocionada y decidió mejor no desilusionarla.

- Nada, nada…- se excusó.

- ¡¡Señores Malfoy!!- llamó una voz chillona y melosa que ambos reseñados reconocieron al instante así que se miraron cómplicemente y se dispusieron a plantarle cara a la fastidiosa periodista, el blondo bastante más enfurecido que su mujer.

- ¡¡Qué quiere?!- espetó el slytheriano de mala manera. La castaña le tomó la mano para calmarlo.

- Pues ustedes se han ido demasiado pronto de la entrevista y no me dieron tiempo a pedirles que posaran para una foto.

- ¿Es necesaria la foto?- preguntó Hermione no muy convencida de que aquello sea una buena idea.

- Por supuesto, la noticia de su matrimonio saldrá en primera plana seguramente y para ello es obligatorio una imagen del tema en cuestión.

- ¿Primera plana?- repitieron ambos cónyuges aun menos convencidos con la idea.

- Claro, el periódico está muy interesado en su exclusiva, cree que es un acontecimiento digno de mucha importancia. Yo estoy en desacuerdo pero lamentablemente no tengo el poder para hacerles cambiar esa percepción.

- Claro que no, usted no tiene el poder para hacer absolutamente nada.

- Bueno, bueno...guárdese el rencor para usted y su querida esposa, señor Malfoy. Ahora será mejor que posen porque no quiero perder mucho tiempo más con ustedes.
El blondo parecía listo para rebatir pero su esposa le apretó la palma de la mano a modo de advertencia. Además, un fotógrafo insipiente, desprolijo y con expresión de no querer estar allí se presentó repentinamente desde detrás de Skeeter sin darles tiempo a reaccionar puesto que dio inicio a una lluvia de flash que los sobresaltó. Cuando al fin cesaron las descargas luminosas, marido y mujer permanecían acorralados contra la pared casi más tapándose sus rostros con las manos para proteger sus ojos del encandilamiento.

-Bueno, eso es todo. Hasta nunca.- se despidió la rubia peliteñida antes de tomar a su empleado por la manga de su túnica y arrastrarlo en dirección opuesta a la pareja de casados.

- ¡Qué perra! ¡Saldremos fatal en esa foto!

- Da lo mismo, Draco.

- ¡No! Un Malfoy siempre debe salir impecable en exhibiciones públicas.

- Saldrás al lado de una Sangre Sucia, eso será suficiente para mancillar tu apariencia.

El Premio Anual giró para encontrarse con que su esposa miraba al piso aparentemente avergonzada y de alguna manera experimentó cierta congoja al notar su pesar. ¡Mierda! ¡¡Qué rayos?!

- No digas eso, no eres una Sangre Sucia.

- ¿Cómo?- inquirió la muchacha incapaz de considerar congruentes a esas palabras siendo pronunciadas por la boca de su esposo.

- Que te casaste conmigo, ¿no? Eso te limpia la sangre instantáneamente.

Hermione habría querido escuchar otra explicación pero se dijo a ella misma que no podía esperar mucho más de su esposo así que resopló resignándose a sus circunstancias y renovó la caminata hacia su Sala Común. Él la siguió.

- Bueno… ¿qué te cuentas?- interrogó el rubio buscando conversación, ya que sentía una inaudita necesidad de escucharla. ¡Mierda!

- Nada nuevo, paso contigo la mayor parte del tiempo, no hay casi nada que no sepas de mí.

- Eso es verdad, sé completamente todo de ti, ¿te diste cuenta? Es irónico que yo sea quién mejor te conoce, inclusive mejor que tus metiches amigos.

- Si alguien me lo hubiera mencionado hace un mes atrás jamás lo habría creído y habría tomado a esa persona por demente.

- Estoy de acuerdo, esto me pilló desprevenido a mí también.

- ¿Estamos teniendo una conversación civilizada?- preguntó la castaña exagerando su asombro.

- Sí, ¿quién lo diría?- comentó Draco antes de echarse a reír.- Nos estamos entendiendo y no precisamente porque estemos teniendo sexo.- dicho lo cual, volvió a reír e increíblemente Hermione se unió en sus carcajadas. Realmente se estaban llevando mejor.

- Bueno…pero tenemos que planear algo.- declaró la castaña una vez finalizadas sus risas.

- ¿Planear algo para qué?

- Para que prospere el trato entre nuestras casas más que nada. Ésa es la finalidad de este matrimonio, ¿no?

- ¿Cómo?- inquirió él tontamente.- Ahhhh…- exclamó luego recordando el verdadero objetivo de todo aquello. Casi más se le olvidaba...- ¿Qué has pensado?

- Pues no sé…yo lo veo difícil…deberíamos reunirlos para empezar, sino sería imposible que se relacionen siquiera para hablarse a no ser que sea para insultarse.

- Pero si los reúnes terminarán lanzándose maldiciones…

- Lo sé, por eso no sé bien qué hacer…Aunque no concibo otra posibilidad. Tal vez tengamos que correr el riesgo, ¿no? Dicen que el que no apuesta no gana.

- Lo único que ganaremos es un par de cadáveres.

Para ese entonces ya habían alcanzado al retrato de su torre y la joven pronunció la contraseña para poder ingresar a la Sala Común, ambos aún reflexionando sobre el dilema que les concernía. Una vez sentados en el sofá, uno al lado del otro, el rubio contempló el perfil pensativo de su esposa y sonrió al observar su encanto.

- ¡¡No sé qué hacer!!

- No te esfuerces tanto, Hermione.- Draco se acercó a su mujer sugestivamente sin darle mucha importancia a sus propias palabras.- Podríamos continuar con la fiesta anterior, ésa que tus amigos interrumpieron.- sugirió anidando su cabeza en el cuello cetrino. No obstante, antes de poder besar la piel de su esposa, ésta se levantó abruptamente y exclamó.

- ¡¡Claro!! ¿Cómo no se nos habrá ocurrido antes? ¡¡Es una idea genial!! ¡Debemos organizar una fiesta!

- ¿Una fiesta?- coreó él sin entender ni una letra de lo que había dicho la gryffindoriana.

- ¡Obvio! Aquí mismo, Slytherin y Gryffindor solamente.

- No quiero que mi living se manche con sangre.

- No seas pesimista, Draco. Ya verás que lo lograremos. Mañana a las 10 de la noche. Ahora mismo organizo todos los preparativos. Tú ve a avisar a tus compañeros y yo les diré a los míos. ¡¡Muévete!!- ordenó entusiasmadamente antes de ingresar a su dormitorio para planear quién sabe Dios qué cosa.

- ¡Mierda! Estoy casado con una loca de la hostia. Y estaba tan cerca de su cuello… ¡Mierda!


-¿Que qué?

- Que quiero que mañana a las 10 de la noche vayan a mi torre todos los de séptimo y sexto de nuestra casa porque Hermione y yo vamos a hacer una fiesta.

- Si, si, eso ya lo escuché, la segunda parte es la que no entendí bien.

- No sé a lo que te refieres, Blaise, es muy simple: tanto ustedes como los de Gryffindor irán.

- ¡¿Tú has perdido la cabeza o qué?!

- ¿Acaso tú ves que me falte la cabeza?

- No te hagas el tonto, Draco, yo estoy de acuerdo con Theodere, has perdido la cordura.

- ¡NO! Que yo sólo los estoy invitando a una fiesta.

- No me digas…- espetó el moreno con sarcasmo.- Eso ya lo tenemos claro pero ¿cómo pretendes que nosotros vayamos a una fiesta con gryffindorianos en ella y sin alguna mujer de otra casa con quién ligar?

- ¿Qué pasa con gryffindorianos?- curioseó una rubia que iba camino a su cuarto para acostarse después de la cena hasta que escuchó una palabra que en aquellos días le resultaba más llamativa que antes o al menos no tan vomitiva.

- Pues que este demente además de haberse casado con una Sa… - Nott se cortó a si mismo cuando estaba a punto de pronunciar las dos palabras que le podrían costar una muerte anticipada bajo la varita del Premio Anual, así que antes de proseguir con su fatal error se autocorrigió mirando nerviosamente al príncipe de su casa. -…seeeñorita no tan…eh…tradicional ahora quiere juntarnos en el mismo cuadrado de piedra con los leones melenudos creyendo que alguna vez podríamos tener una fiesta en paz con semejante escoria.

- No seas tan calamitoso, cariño.- reprendió Pansy. - Sé que es una idea algo extraña pero no puede ser tan malo ¿verdad?

- ¿Eso crees?- preguntó el blondo esbozando su sonrisa maliciosa que esa vez daba a entender que guardaba un secreto y que disfrutaba de hacerlo, lo cual la joven comprendió a la perfección y consecuentemente tragó saliva enrojeciéndose, no exactamente porque le afectase que Draco supiera que casi se encama con otra persona (ello ya había pasado decenas de veces) sino porque esa persona era un Weasley.- Oye, Pansy, ¿podría hablar contigo antes de seguir deliberando si estoy loco o no?

- Cla…claro- tartamudeó la aludida.

El rubio se levantó de su asiento y tomó a la ojiazul por el brazo guiándola hasta un rincón no tan lejano siendo observados inquisitivamente por el par de slytherianos abandonados en el sofá.

- Me he enterado de tu trastabillo con la comadreja.

- Mira, tú no tienes el derecho de decirme nada, ¿te queda claro? Yo solamente…

- ¡Tranquila, mujer! No vine a torturarte con ello ni mucho menos, aunque… ¿es verdad que la tiene chiquita?- indagó el chico haciendo un gesto de pequeñez empleando sus dedos índice y pulgar.

- No pienso contarte eso, es algo personal y yo soy una dama.

- ¡Ja! No me hagas reír, Parkinson. ¿Tú, dama?

- Jódete, Malfoy.

- Yo sólo quería quitarme la duda pero ya sabes qué dicen…el que calla otorga.

- Eso quisieras…Y no, para que sepas el chico está muy bien dotado, con sólo sentarme arriba suyo lo pude notar. Me atrevería a decir que más dotado que tú, huroncito.

- ¡¡Cuidado!!- exclamó el injuriado estrujando el brazo de la muchacha con mayor fuerza y consiguiendo con ello que un leve quejido escapara de su boca.

- Me haces daño.

- Ten cuidado con lo que dices. La mentira no lleva a nada bueno.

- ¡Mira quién lo dice! El rey de las falsedades.

- ¿Lo dices por algo en especial?- preguntó el blondo sobresaltándose ante la sospecha de que su matrimonio falso podría ser descubierto.

- Por favor, siempre has sido la persona más ventajosa y calumniadora que he conocido. ¿Qué pasa? ¿Acaso hay algo que ocultas y no me has contado, Drakin?

- ¡Que no me llames así!

- ¡Que me sueltes!

- ¡¡Está bien!!- concedió Draco deshaciéndose del brazo de su compañera con brusquedad. – De todas formas, lo que yo quería era pedirte un favor.

- ¿Un favor? Tú sí que has perdido la cabeza. ¿Piensas que después de tratarme de esta manera voy a ayudarte en atarte los zapatos siquiera?

- No te queda más opción, Parkinson. Es eso o todo el mundo se entera que estás con un Weasley.

- ¿Y a mi qué? ¿Si a ti te pueden perdonar el haberte casado con una Sangre Su…no pura, a mí me pueden dejar pasar este affaire?

- Me alegra que vayas recapacitando en los motes que les das a ciertas personas y sí, tal vez los chicos puedan perdonarte que salgas con la comadreja, aunque lo dudo mucho, pero ¿tus padres? ¿Has pensado en ellos? Yo creo que no porque conociendo lo intolerable que es tu madre jamás comprenderían que estés con un pobretón.

- ¡No! No les cuentes, por favor.

- Bueno, entonces ayúdame.

- ¿Qué quieres que haga?- inquirió la chica sabiéndose rendida.

- Que convenzas a todos de ir a la fiesta de mañana; es a las 10 en mi torre, después de la cena.

- Pero… ¿cómo pretendes que lo haga?

- No sé, busca apoyo en las demás chicas. Dicen que ustedes las mujeres suelen ser más comprensibles y sensibles, ¿no?

- Te olvidas de un pequeño gran detalle.

- ¿Cuál?

- Que nosotras somos de Slytherin y eso supera ampliamente a nuestra condición de mujer.

- Pues tomen clases de feminidad y ya.

- No pasa por ahí, Draco.- replicó Pansy mosqueada.

- No me importa por dónde pase ni tampoco quiero saberlo. Únicamente te pido que logres que asistan todos los de sexto y séptimo, ¿ok? Ah…y también trata de persuadirlos para que se comporten, no quiero ningún pleito.

- ¡¡Estás pidiéndome un milagro!!

- Ya verás cómo le haces, tú siempre has tenido el don de manipular a la gente, en especial a los chicos.

- No me puedo acostar con todo Slytherin para que me hagan caso.

- ¿Por qué no? Lo has hecho antes.

- ¡¡Pero no con todos al mismo tiempo!!

- Ta…pero eso serviría para ahorrar tiempo, no tenemos mucho.

- No pienso hacer eso.- La verdad era que en su mente había solamente un chico con el que planeaba acostarse dentro del futuro cercano y precisamente ése no pertenecía a su casa.

- No importa cómo lo hagas, Pansy, mientras que lo consigas estará todo bien. Lo dejo en tus manos.- dicho lo cual, el slytheriano de ojos grises salió de la Sala Común de su casa para encaminarse hacia la que compartía con su colega mientras deseaba fervientemente tumbarse en su cama de una maldita vez después de un día colmado de sorpresas. Aunque antes de dormir tal vez podría aprovecharse del buen humor de su esposa

Deja tu comentario sobre Un placer ser tu esclava 21 y 22

Deja tu comentario
Necesitas tener javascript activado para poder dejar comentarios

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

De esta forma, además, podrás mostrar tu imagen en los comentarios y no tendrás que rellenar tus datos cada vez.

Sobre esta anotación

Paula Rodriguez Rivas

Paula Rodriguez Rivas escribió esta anotación hace 1 mes. En ella habla sobre Dramione ( Un Placer Ser Tu Esclava 21 Y 22 ).

Aún no hay ningún comentario.

Tu podrías dejar el primero.

Login

Comentarios

Pansy o Jane ? (AnastasiaAli)
ooohhh buena historia...(22 nov)
Lo echais de menos ? (AnastasiaAli)
Si yo lo hecho de menos...(13 nov)
Lo echais de menos ? (AnastasiaAli)
Si yo lo hecho de menos...(13 nov)
Nadie le mi blog (Paulitha)
Muxiximas grasias :)...(24 oct)
Nadie le mi blog (Serimy)
Es verdad esta muy chulo!! Tu no haces nada mal, verdad Ali?A lo mejor que nadie lee tu blog será ......(24 oct)

Más comentados

Nadie le mi blog (4)
Lo se mi blog es cutre... Pero por que no me decis que stoy haciendo mal parap oder dejar de hacer ...
Lo echais de menos ? (2)
Ola !! Olle chic@s tengo un problema... Necesito saber si hechais de menos que ponga algun Dramione ...
Pansy o Jane ? (1)
-Joder estoy harta de esta situacion... -Crees que yo no ?No aguanto mas. -Confiesa Draco. -No, ...
Desde siempre hasta nunca... (0)
Ayer  no me lo podia creer iva a ir a ver a mi mejor amigo de la infancia !!!! Dami: Ese chico ...
Cuando acavemos pensaras que estoy loca (0)
Era un domingo por la mañana...Para ser exactos las 6:38. Que clase de persona llama a esa hora por ...

Suscripción

Suscríbete al Feed RSS XML

También puedes suscribirte directamente con alguno de los siguientes enlaces:

  • Suscríbete en Bloglines
  • Suscríbete en Google